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La República

Los inmigrantes del tren borreguero se hacen independentistas (1/4)

Mi abuela siempre lloraba cuando hablaba del viaje a Barcelona en el “tren borreguero”. Aquel tren no era un AVE de los que ahora cosen España con acero (pasando por […]

Da Victus
Da Victus 05/10/2014

Mi abuela siempre lloraba cuando hablaba del viaje a Barcelona en el “tren borreguero”. Aquel tren no era un AVE de los que ahora cosen España con acero (pasando por Madrid), sino de aquellos que tardaban dos días entre Granada y Barcelona (por el corredor mediterráneo). Lloraba cuando explicaba su periplo, primer con mi madre, y después con su hermano menor, un recién nacido de solo unos meses al que no podía amamantar porque “no salía nada”. Tuvo que ser una experiencia traumática, no soy capaz de imaginar una sensación de fracaso mayor como madre que la de no poder alimentar a un hijo. No me sorprende que llorase siempre que volvían aquellos recuerdos, una y otra vez. Finalmente, aunque sus éxitos fueron mucho mayores que sus fracasos, enterró aquella pena junto a ella en Cataluña para toda la eternidad, su tierra, la que la acogió como si aquí hubiese nacido, y aquí decidió quedarse para siempre, a sus casi 90 años.

Estoy completamente seguro que la vivencia del tren sin comida para su hijo acompañó a mi abuela en todas y cada una de las cosas que hizo después. La sensación de fracaso tuvo que ser tan desoladora que nunca la pudo superar. A pesar de todo, mi abuela era creyente… y practicante. Cuesta creer que hoy en día haya gente que quiera revisar la realidad de aquellos tiempos enalteciendo con gran alegría unas bondades típicas de los señoritos andaluces y adinerados de la capital de la meseta, que arrasaron a millones de persones sin ningún tipo de miramientos. Todo vale por la unidad nacional española. De hecho no es nada nuevo en la historia de España, en los últimos 300 años ha sucedido en muchas ocasiones.

Mis abuelos paternos llegaron a Barcelona des de Almería, y los maternos lo hicieron desde Granada ya hace muchos años. Ninguno de ellos está ya entre nosotros. Las historias que escuchaba de su escapada son muy similares a las de muchos abuelos de mis amigos y desde muchos lugares diferentes, es decir, vinieron a Catalunya porque en Andalucía no tenían para comer, ni ellos ni sus hijos. Mi madre nació en Granada y llegó a Barcelona con 5 años. Mi padre ya nació en Barcelona, como yo. Y yo soy un EZ como cualquier otro. Creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que yo y mi familia somos un ejemplo típico de la emigración española de los años 50-60 hacia Cataluña.
Mi abuela era la típica andaluza de raza, luchadora, morena, muy morena, tanto de piel como de pelo, ojos negros como un caballo pura sangre del sur, guapísima, y con un carácter típicamente de su tierra, vaya que si mi abuela hubiese tenido pelotas hubieran sido cuadradas. Eso sí, con un corazón y una generosidad sin límites con todos los que la hemos rodeado.

La vida en la Granada de la post guerra (recordad que era la guerra de una España contra la otra), nada tenía que ver con la próspera y rica Granada imperial de otros tiempos. Mi abuela y su familia vivían de mala manera en las cuevas del Sacromonte (justo delante de la Alhambra, los restos del grandioso imperio andalusí), en condiciones higiénicas deplorables, sin agua corriente, y con alimentos extremadamente escasos (micro comidas una sola vez al día). Aquellas cuevas hoy son visitadas y veneradas por los turistas, como si de una ficción se tratase. Pero no era ficción, era real como la vida misma. Mi abuela no tuvo estudios, y nadie la enseñó a leer, pero aprendió por su cuenta.

Una vez en Barcelona, mi abuela trabajó durísimo limpiando casas, tiendas y escaleras de vecinos, de las 5 de la madrugada a las 8 de la noche, de lunes a domingo, de un sitio a otro sin descanso, con buenas y malas caras, con gente de gran corazón y gente desagradable, pero siempre al pié del cañón. Afortunadamente Cataluña le ofreció la posibilidad de poder comer ganándose la vida, cosa que no pasaba en su amada Andalucía. Mi abuelo tuvo trabajos esporádicos. Inicialmente vivieron realquilados con no sé cuanta gente más en el mismo piso, en el barrio chino de Barcelona … cuántas veces habrá escuchado esta historia? Mi madre y mi tío estaban internados en un centre, donde eran alimentados, cuidados y formados bajo un estrictísimo régimen religioso pagado por la Iglesia de aquellos tiempos, y separados por sexos.

Pasados unos años la familia prosperó en Barcelona, en Cataluña, no en Andalucía, ni en Extremadura, ni en Murcia, ni en Galicia, ni en La Mancha, ni siquiera en Madrid. Pudieron comprar su propio piso dejando el realquilado, poniendo tiempo y distancia con la desnutrición y un montón de calamidades.
Yaya, fuiste infinitamente más valiente que otros cuando lo dejaste todo para venir a Cataluña buscando comida, respeto y un futuro próspero para ti y tu familia, y mira como nos lo quieren hacer pagar a todos, con insultos, menosprecios, viviendo de nuestro esfuerzo, y tratando de españolizarnos, de repatriarnos, y de eliminar una cultura que ha respetado nuestras tradiciones aunque eran muy diferentes a las catalanas. Espero que dure poco tiempo y que todo el trabajo de hormiga infatigable, el de la mama, y el de toda la familia sirva para que el esfuerzo no caiga en saco roto. También por su propio bien, será la única forma de que ellos se levanten y arreglen los problemas de España, aquella de pasado imperial que tantas veces se ponen en la boca como son capaces de pisar todo tipo de políticos y caciques de turno, por mucho que digan lo contrario.

Me consta que esta historia no es única ni exclusiva de emigrantes andaluces, sino de gentes que llegaron desde Galicia, La Mancha, Murcia, Extremadura y muchos otros lugares, y actualmente desde países lejanos, por tanto señores Monago y Vara, o Sra. Díaz, estupideces las justas, NO SOMOS COLONOS, NO LES PERTENECEMOS, CATALUÑA NOS HA HECHO LIBRES de caciques como ustedes y sus familias, y nos ha dado la posibilidad de trabajar duramente para tener un futuro, y ahora seremos la llave que hará definitivamente libre a Cataluña, de igual forma que hicieron los emigrantes españoles a países como Méjico, Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, o tantos otros. Tomen nota.

¡No te pierdas la segunda parte de la historia, te encantará!