Diumenge, 26 de setembre de 2021 - Edició 1158
La República

Ceño y talante

El nacionalismo de las naciones que tienen Estado, como la española, ha consistido siempre en conseguir que todos los ciudadanos lo sean de la nación dominante, que se erige en […]

Alfons López Tena
Alfons López Tena 18/04/2008

El nacionalismo de las naciones que tienen Estado, como la española, ha consistido siempre en conseguir que todos los ciudadanos lo sean de la nación dominante, que se erige en única, y dejen de serlo de la nación dominada; en hacer congruente el Estado y la nación, a la sazón la española. Ya en 1862 observaba Lord Acton que mediante hacer coincidir Estado y nación en teoría, se reduce en la práctica a una condición sujeta a todas las otras naciones situadas dentro de las fronteras, y dependiendo del grado de humanidad y civilización de la nación dominante, que reclama todos los derechos de la comunidad, las naciones sujetas son exterminadas, reducidas a servidumbre, ilegalizadas, o puestas en condición de dependencia.

Esta última es la situación actual de las naciones no españolas en esta democracia, luzca su Presidente ceño o talante. Compárense los derechos y poderes de las minorías nacionales francesa e italiana en Suiza, de autogobierno y gobierno conjunto del Estado, con los de las minorías nacionales catalana y vasca en España, que ni siquiera son reconocidas: los alemanes no pretenden en Suiza que todos sean alemanes, pero los españoles pretenden que todos seamos españoles, y se sienten ultrajados ante la evidencia de los millones de ciudadanos que ni somos ni seremos españoles, aunque estimemos a España, porque no es nuestra nación ni nuestro país: si con nosotros no pudo Franco, van a poder Aznar o Zapatero.

Por eso necesitamos la independencia. Por eso la obtendremos.

Article publicat a Público el 18 d’abril de 2008