Divendres, 24 de setembre de 2021 - Edició 1156
La República

Zapatero y Tintin

Tras las elecciones, emergen como siempre de los partidos dos de les caracteres propios de los regímenes autoritarios, el culto a la personalidad del líder vencedor, bendecido por el carisma, […]

Alfons López Tena
Alfons López Tena 14/03/2008

Tras las elecciones, emergen como siempre de los partidos dos de les caracteres propios de los regímenes autoritarios, el culto a la personalidad del líder vencedor, bendecido por el carisma, la baraka, y la devotio iberica; y la imposibilidad de sustituir dirigentes fracasados y promover otros nuevos mediante el debate y el voto ciudadano, porque en su lugar la decisión resulta de la intriga cortesana, no exenta de ruido y furia, o del dedazo del autócrata saliente, que unge a su sucesor.

Una democracia como la española, basada en partidos que no son democráticos, acusa una aguda fatiga por acumularse en ellos los vicios del autoritarismo, que propagan a la sociedad y a las instituciones: sectarismo, selección negativa, desconfianza del mérito y la capacidad en beneficio de la sumisión y la lisonja, concepción patrimonial de lo público (y consecuente corrupción), creación de una casta política que prima la propia perpetuación, abandono de los proyectos por la mera gestión burocrática, intervencionismo incompetente, promoción en los ciudadanos del alejamiento de los asuntos públicos, para que nunca decidan más que las proporciones en que ratifican las listas de representantes que los partidos les montan, cierran y bloquean. Ni los detalles nos ahorran, incluida esa ceja de Zapatero elevada a símbolo como el bigote del dictador bordurio Plekszy-Gladz de Tintin.

Un cierto aroma a Brezhnev planea por la Nomenklatura y la democracia española, esa charca ponzoñosa.

Article publicat a Público el 14 de març de 2008